Estrés y glucosa: 3 claves para controlarlo

¿Cómo afecta el estrés a la glucosa? Cuando pensamos en los factores que influyen sobre los niveles de glucosa en sangre, solemos centrarnos en la alimentación o el ejercicio físico. Sin embargo, existe otro elemento que puede tener un impacto importante y que a menudo pasa desapercibido: el estrés.

El estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes o exigentes. Cuando aparece, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, preparándonos para reaccionar rápidamente. Este mecanismo fue esencial para la supervivencia humana, pero en la actualidad puede activarse de forma frecuente debido a preocupaciones laborales, familiares, económicas o emocionales.

¿Qué ocurre con la glucosa cuando estamos estresados?

Durante una situación de estrés, el organismo necesita disponer de energía inmediata. Para conseguirlo, el hígado libera glucosa almacenada en forma de glucógeno, aumentando así la cantidad de azúcar circulante en sangre.

Además, el cortisol puede dificultar la acción de la insulina, la hormona encargada de introducir la glucosa en las células. Como consecuencia, los niveles de glucosa pueden mantenerse elevados durante más tiempo.

En personas con diabetes o prediabetes, este efecto suele ser más evidente y puede dificultar el control glucémico. Sin embargo, incluso en personas sanas, episodios prolongados de estrés pueden favorecer alteraciones metabólicas a largo plazo.

3 claves para controlar el impacto del estrés sobre la glucosa

Mantener una actividad física regular

El ejercicio es una de las herramientas más eficaces para reducir el estrés y mejorar el control de la glucosa. La actividad física favorece la utilización de glucosa por los músculos y ayuda a disminuir los niveles de cortisol.

No es necesario realizar entrenamientos intensos. Caminar a buen ritmo, montar en bicicleta o practicar actividades como yoga o natación pueden aportar beneficios significativos.

Priorizar un descanso de calidad

Dormir poco o tener un sueño de mala calidad aumenta la producción de hormonas relacionadas con el estrés y puede alterar la sensibilidad a la insulina.

Los expertos recomiendan mantener horarios regulares de sueño, evitar pantallas antes de acostarse y procurar dormir entre 7 y 9 horas diarias en adultos.

Incorporar técnicas de manejo emocional

La respiración profunda, la meditación, el mindfulness o dedicar tiempo a actividades placenteras pueden ayudar a reducir la respuesta fisiológica al estrés.

Diversos estudios han demostrado que las personas que gestionan mejor el estrés presentan un mejor control metabólico y una menor variabilidad de la glucosa.

El papel de la farmacia

La farmacia comunitaria puede ser un punto de apoyo para identificar factores que dificultan el control glucémico y ofrecer consejos sobre hábitos de vida saludables. Además, el seguimiento farmacéutico puede ayudar a las personas con diabetes a comprender mejor cómo situaciones cotidianas, como el estrés, influyen en sus niveles de glucosa.

En resumen

El estrés no solo afecta al bienestar emocional; también puede influir directamente sobre los niveles de glucosa en sangre. Mantener una rutina de ejercicio, cuidar el descanso y aprender técnicas de manejo del estrés son medidas sencillas que contribuyen tanto a la salud metabólica como a la calidad de vida.

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